Hermanos:
Dios está con vosotros. A Él le doy gracias por el cariño que os tenéis y por la riqueza que habita en vuestros corazones y que se une a través de Dios.
Os escribo porque os he visto como un barco a la deriva, pues habéis perdido el centro y confundido los deseos de Dios con los vuestros. Las discordias que hay en el grupo os han desviado la mirada y han hecho que perdáis el rumbo.
Os invito a que unidos en vuestra pluralidad podáis recuperar la alegría de estar con el Señor. Que su amor que os une os lleve a poneros en el camino para así construir juntos su Reino.
Seguid trabajando y no dudéis a la hora de compartir y confiar en vuestros hermanos porque vuestros corazones están deseando latir a un mismo ritmo.
Para ello, cuidaros de las distracciones y las tensiones que puedan surgir de la diversidad, y poned siempre a Dios entre cada uno de vosotros.
No perdáis la Fe, y que Dios os bendiga y os dé paz.